Crucero al Atardecer
Por Margaret Fleming.

Un dia en Puerto Peñasco enfilabamos hacia la marina buscando a Dale y a Esther Donaldson de Santiago's Ocean Services. Era una hermosa mañana, fresca y brillante. Un grupo de turistas descendía de su carro y bajaba la rampa hasta el muelle. Vestían chaquetas abrigadas y cargaban bolsas y cajas, se hablaban unos a otros muy excitados, obviamente listos para embarcar en un crucero de alguno de los barcos de ahí. Mientras que abordaban uno por uno, el barco comenzó a llenarse. A últimos minutos un par de miembros del grupo apurados bajaban la rampa llevando son ellos varias tazas de café, seguidos por otros con bolsas de hielo. Repentínamente alguién gritó, "Delfines" y todos voltearon a ver; aparecieron y desaparecieron del agua. Unos cuantos minutos mas tarde estos resurgieron. Los turistas trataron de capturarlos con sus cámaras, pero siempre se habían ido antes de que lo hicieran.

El ánimo era contagioso. Parecía que el ir en un crucero en barco era la gran cosa que nosotros queríamos hacer. El grupo que abordó el bote se marchó rápidamente, pero oímos que mas tarde una pareja de leones marinos había sido vista en los muelles por el grupo que había quedado atrás. "Tenemos un un crucero cada atardecer," Dijó Dale, "Porqué no regresan alas 5:00 y vienen con nosotros" Dijímos que lo haríamos "Si vienen durante el dia, -dijo, pueden ir en paracaídas. "No estabamos seguros de tener tiempo para eso, pero prometímos estar ahí para el crucero del atardecer.

"No están temerosos de mojarse, -lo están" -Preguntó Esther "Mucha gente no quiere ir en el paracaídas porque piensan que se mojarán, pero ellos no tocarán la playa, ni tocarán el agua. Todo se hace desde la cubierta del bote."

"Quizá la próxima ocasión" Le dije "Tenemos a mucha gente por ver este dia."

Esther nos había comentado que el crucero duraría una hora y media y que el precio de $20 dólares por persona incluía las margaritas, Por lo que a las 5:00 aparecímos, listos para ir. Dale y Esther nos presentarón a la tripulación, Chano y Kato. Bajamos la rampa y fuímos hasta el barco, El Tigre, con otros 10 pasajeros. Era muy confortable. Tenía bancas acojinadas a cada lado que serían los suficientes para
brindar asiento a 14 personas, pero una pareja decidió sentarse en la cubierta trasera en una clase de sillón del amor donde ellos podrían abrazarse en relativa privacidad. Otros de nuestros jóvenes compañeros era una cautivadora pareja, una familia con una hija e hijo ambos de 8 y 6 años de edad, y una pareja ligeramente mayor. Probablemente yo leí muchas novelas de misterio a puerta cerrada, pero me encontré a mi misma sorprendida de que ellos no se mostrarán aburridos cuando yá habíamos pasado mucho tiempo en su compañía, esto sucede en los escenarios ficticios. Todos me parecían lo suficientemente complacientes, pero a la hora y media no parecían ser nada diferente de lo que parecían.

Nuestra tripulación era muy eficiente. Antes de que hubiésemos dejado el muelle, Chano me aseguró que todos tendríamos nuestras margaritas y los chicos sus refrescos. Nosotros salímos de la punta de rocas que dá a Puerto Peñasco su nombre. La marea era baja y pudímos ver la gran línea que marca el agua en la pared de piedras y el Lighthouse en lo alto. Mientras dabámos vuelta en el punto y nos dirijímos hacia el Mirador, continúando hasta Las Conchas, alguien dijó "Haya están los delfines. "Por supuesto que ellos se habían marchado en el momento en que volteamos, pero en un minuto salieron de nuevo--dos de ellos. Chano viró el barco para acercarse a ellos y fueron ellos los que vinieron a éste. Mientras ellos nadaban en línea recta debajo de la proa y casí la rozaban, luego se alejaron. Chano y Kato viraban mas rápidamente para que pudiésemos alistar nuestras cámaras, Y luego, yá que nunca sabíamos cuando iban a resurgir, no pudímos tener la cámara lista a tiempo de nuevo. Por lo que nosotros sólo nos relajamos y disfrutamos mirándolos. Yo pienso que trataban de jugar con nosotros. Chano y Kato mantuvieron nuestras lentes listas.

El paseo fué magnifícente. -Le dije a John, "No puedo creer que durante 30 años que hemos estado viniendo a Puerto Peñasco nunca hubiésemos hecho esto antes. "Bien dijó Chano, "Ustedes escojieron una tarde perfecta para hacerlo."

Yo estuvé de acuerdo con él. La temperatura era suave, no muy caliente, y la brisa también lo era. La humedad que se rezollaba del mar nos rodeaba. Al cruzar el Golfo nosotros podíamos ver las borrozas montañas de Baja California, magníficas como son cada tarde por la caída del sol, por lo que parecía las pudiéramos alcanzar en unos cuantos minutos. Encima de ellas fluctuaba la puesta de sol, listo para descender. Los delfines se habían ido y nosotros centramos nuestra atención al Oeste, siguiendo como la flamante bola naranja desaparecía.

Despúes de seguir el sol hasta el mar, vimos hacia el otro lado y descubrímos una gloriosa luna llena, un globo alumbrando el cielo del Este. Esta seguía siendo el crepúsculo y el cielo contínuaba delicadamente rosa y lavanda, volviendo luz a las sombras y luedo un azúl mas oscuro; el lavado de la propela dejaba una distante vía plateada en el mar detrás nuestro.

Los jóvenes amantes se abrazaban el uno al otro, y el resto de nosotros miraba el mar, la centelleante ciudad, la luna y el cielo. Que perfecta tarde para el romance, hasta para aquellos que como nosotros que habían estado casados por largo tiempo. Ellos cuentan con estos cruceros cada tarde. -Creáme, yo no quisiera esperar otros 30 años para tomar uno de nuevo.




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