Usualmente compramos langostinos y pescado de Ernie o Francisco para traer a casa, pero el fin de semana pasado estuvimos en el restaurante conversando con Eva Valenzuela, la madre, sobre su familia. Los olores del pescado y los langostinos eran tan tentadores que decidimos pedir un plato de mariscos. La comida fue servida en el balcón del piso superior, que tiene una vista panoramica. Soplaba una brisa placentera y el clima estaba templado, a unos 22° C (75° F). Estuvimos buscando ballenas o delfines que se ven desde aquí con regularidad, pero probablemente los motores de las lanchas langostineras los ahuyentaron. Eva misma nos sirvió el plato de mariscos que consistia en langostinos apanados, langostinos al mojo de ajo, diferentes sabrosos pedazos de pescado y conchas en una deliciosa salsa de cebollas. Tambien nos trajo una porción de salsa fresca. Ademas habian seis o siete variedades de salsas picantes embotelladas. Que comida tan maravillosa!
Eva es muy afortunada de tener a todos sus hijos y nietos aquí con ella. Algunos de los Valenzuela han vivido por temporadas en otros lugares, pero todos vuelven. Una de ellas, Betty, estudió en el Glendale Community College en Phoenix. Mientras conversabamos con Eva, Betty cruzó la calle trayendo a su hijo de dos meses Henry. De manera que conocimos a un miembro de la tercera generación de esta interesante familia. Eva tiene varios nietos, pero Henry es el menor. Sin duda pronto estara vendiendo pescado o trabajando en los restaurantes.
Le preguntamos a Eva como así escogió el nombre El Perico Marinero para su restaurante. Ella nos explicó que su padre fue pescador y tenia un perico, al cual llevaba con frecuencia de pesca. Eso hizo del perico un marinero. De alli que al pensar en un nombre para el restaurante recordaron al loro y lo nombraron en su honor: El Perico Marinero.

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