Las Manos Sobre el Escritorio

por John Fleming

Armando Ramírez se sienta confortablemente detrás de su escritorio. Un impresionante mueble con tal intensidad y tamaño (debe ser de 8 pies de ancho), de intrincadas patas talladas.

Como regla a mí no me gustan los escritorios. Son vehículos de dominación. Dividen a la gente, poniendo toda la fuerza de un lado. Pero esto era algo diferente. Aquí estaba lo que podría ser un gran pedazo de madera intimidante. Pero el cuál en vez de dramatizar la majestuosidad y la intrincancia de la ley sirve como un fondo muy efectivo para un practicante de la ley.

Armando el Notario, es un hombre bien parecido con justo el suficiente gris en su cabello para hacerlo lucir distinguido. El viste casualmente, pero un juez de traje no parecería fuera de lugar en él. Detrás de el estaban los estantes con libros llenos de tomos legales.

Yo estaba comprando un terreno a un propietario Mexicano --yo lo llamaré Bernardo. Como agente de bienes - raíces, yo he ido a travez de cientos de transacciones, por lo que esto no es nuevo para mí. Bernardo por el contrario estaba nervioso. Quizá esta sería su primera transacción. El se sentó derechito casí a la mitad de su silla, e inquieto.

Armando vino alrededor desde atrás de su escritorio y puso su mano sobre el hombro de Bernardo y lo frotó. Yo pude ver algo de la tensión salir de él. Entonces Armando levantó su control remoto, lo apuntó hacia su sistema estereo detrás nuestro; y una de mis piezas favoritas, un preludio de Bach y Fugue, lleno el salón. Bernardo se hizo mas hacia atras de su silla y se relajó.

El drama del evento me impresionó. El escenario en constraste con un transfondo de símbolos del poder judicial eran además orquestados por Armando (y por Bach) atravéz del lenguaje del cuerpo y de la música.

Nuestra transacción se había acordado prontamente. Cuando nos escoltó hacia afuera de la puerta, Armando de nuevo frotó los hombros de Bernardo. Yo me sorprendí por la naturaleza paradoxical del hombre. El era grande e impositivo con su escritorio, aunque pequeño y humilde con sus manos,

Armando es notario, un abogado con responsabilidades especiales, algo así como un juez en los Estados Unidos. En México todas las transacciones legales deben cerrarse atravéz de un notario. Armando quién viene de Hermosillo, ha estado practicando la ley en Puerto Peñasco desde hace sólo pocos meses. El me dijó que debido a que hasta hace poco había sido solo una pequeña aldea, muchos residentes habían solido el hacer las cosas sin hacer uso de los procedimientos legales propiamente.

Ahora el está aquí para ayudar a desarrollar estos procedimientos y para instruir a los ciudadanos en su uso. El quiere asegurarse de que estos Mexicanos y Americanos de igual manera obtengan títulos legales válidos de sus propiedades. También está interesado en el desarrollo de nuevas formas de simplificar el proceso.

Mientras yo hablaba con Armando pude percatarme de su inmenso amor y respeto por la ley. El habla de ésta como un estricto pero desarrollador padre. El ve la ley, no como un instrumento para restringir y limitar, sino como un vehículo para abrir posibilidades. Yo dejé su oficina sintiendo que Puerto Peñasco estaba a salvo en las gentiles manos de Armando Ramírez.


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